¿Qué consecuencias tiene la separación en la familia?

La separación de una pareja es una situación de crisis y tensión que no afecta solo a la pareja, sino que produce efectos en todo el sistema familiar. Supone cambios a nivel individual, familiar y social en todos los miembros.

Cada separación es diferente, no obstante, sea de la forma que sea, todo el sistema familiar necesita adaptarse a la nueva realidad. La separación supone la ruptura de un equilibrio previo y genera sufrimiento, entremezclado con sentimientos de rabia, celos, envidia, desesperanza, desamor, nostalgia,…

En nuestra intervención nos encontramos un continuo de gravedad diferente. En los casos más leves, será suficiente con unas pautas concretas para ayudarles a hacer frente a la nueva situación y gestionar las emociones de forma saludable y en otros más graves, será necesaria una intervención terapéutica específica.

Los cambios que acarrea la separación son en su mayoría estresores para los hijos, por lo menos hasta que consiguen adaptarse. Esta adaptación estará condicionada por factores como: la edad de los hijos, el nivel de conflictividad y el estilo de comunicación entre los progenitores, la relación de los hijos con los padres, …

La edad de los hijos es uno de los factores que se considera como uno de los predictores de los posibles efectos adversos que la separación puede generarles. Los datos de las investigaciones al respecto, indican que los más pequeños acusan desórdenes de tipo conductual y los mayores más relacionados con la competencia social.

Por otro lado, no podemos olvidar que según diversos estudios no es el divorcio en sí lo que más efectos adversos provoca en los hijos, sino el conflicto parental continuado. La violencia intraparental provoca conductas patológicas externalizantes e internalizantes.

 

Los efectos psicológicos según la edad de los hijos en el momento de la separación:

Antes de los 3 años

Pueden aparecer:

  • Regresiones a conductas evolutivas que ya se habían superado: pérdida del control de esfínteres, irritabilidad, dificultad para separarse de los adultos, angustia y necesidad de contacto físico prolongado, inhibición en el juego, temor a ser abandonado,…
  • Son frecuentes los sentimientos de inseguridad y temores consecuencia de atribuirse los motivos de la separación, sintiéndose responsables de la misma. Ejemplo de un pensamiento posible: “Mis padres se separan porque yo he sido malo”.
  • Posibles trastornos de conducta, irritabilidad, agitación, hiperactividad, rabietas, momentos de agresividad.
  • Trastornos del sueño con terrores nocturnos

 

Entre los 3 y los 7 años

Pueden aparecer:

  • Tristeza marcada, introversión, conductas compensatorias, temores ligados a fantasías de pérdida.
  • Sentimientos de nostalgia ante la ausencia (real o percibida) del padre o la madre.
  • Idealización del progenitor ausente.
  • Fantasías de reconciliación de los padres.
  • Descenso del rendimiento escolar.
  • Temores por la posibilidad de ser remplazados por otros hijos.

 

Entre los 8 y los 10 años

Pueden aparecer:

  • Intensos sentimientos de culpa por la ruptura.
  • Reducción de la autoestima.
  • Síntomas asociados a la depresión.
  • Sentimiento de abandono.
  • Hay veces que intentan pasar el mayor tiempo posible en la calle, como forma de evadirse y otras, en cambio, se responsabilizan de funciones que no les corresponden adoptando roles de adultos.
  • Deterioro en las relaciones sociales con los compañeros.
  • Ira contra uno de sus progenitores.

 

En la adolescencia

Pueden aparecer:

  • Sentimientos asociados con depresión que pueden manifestarse como abuso de alcohol/drogas, absentismo escolar, fugas, actividad sexual, conductas autolíticas,…
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